La extrema polarización ideológica
producida a raíz de los últimos acontecimientos sociopolíticos ha desencadenado
en enfrentamientos con tintes de fanatismo religioso, por un lado la extrema
derecha, desde sus aliados políticos (Avanza País, Fuerza Popular, Renovación
Popular entre otros), hasta la grandes medios de la prensa concentrada (Grupo
El Comercio – prensa escrita y televisiva) y por otro la extrema izquierda congresal
de Perú Libre, los remanentes senderistas del Movadef, todos ellos sin apoyo de
grandes medios de prensa, pero con alguna influencia en las movilizaciones;
ambos han y siguen dividiendo, aprovechando el descontento social, la postergación
de las regiones y sacando a relucir un sentimiento mas grave que es el racismo
latente. Las redes sociales están inundadas de mensajes cargados de desprecio y
humillación por el otro, juegan con la idea del exterminio del otro como sujeto,
como ciudadano, como persona, en fin, como ser humano. Es desconcertante que en
pleno siglo XXI aun tengamos que lidiar con un racismo propio de la barbarie,
de las sociedades tribales, hemos perdido la capacidad de entendernos en la diferencia,
de percibirnos como partes de una misma sociedad, de vernos en el otro, en el prójimo.
Es cierto que existe un país fracturado y dividido desde hace siglos, eventos
como el actual han sido repetitivos en la historia no solo de la República, sino
incluso antes de la colonia, pero a estas alturas de historia resulta
inexplicable no haber encontrado un norte que nos agrupe en un solo ideal de gran
nación, reconociendo en ese ideal las diferentes naciones que habitan nuestro
territorio (Quechuas, Aymaras, Shipibos, Conibos, Awajunes, Ashaninka,
Mashigenga, Bora, Wampis, Yanesha, etc). La única salida a este entrampamiento es
el dialogo, el dialogo como mecanismo para lograr acuerdos, el dialogo como
herramienta para la búsqueda de puntos comunes. La razón, la justica y el
sentido común deben ser las directrices para plantear estrategias, que busquen
en primer lugar hacer retroceder la polarización, en segundo lugar, establecer cuáles
son los valores esenciales de una sociedad moderna (derecho a la vida, derecho
a la justicia e igualdad entre ciudadanos y el derecho al bien común) y en
tercer lugar el fortalecimiento y la consolidación de la democracia, la
institucionalidad y la representatividad a través de los partidos políticos.
Que esta coyuntura nos haga reflexionar, si vale la pena defender ideales que
colisionen con los derechos básicos a costa de sumirnos en la intransigencia o
debemos estar abiertos y predispuestos al intercambio de ideas y de puntos de
vista por mas que no estemos completamente de acuerdo con ellos.
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